domingo, 8 de diciembre de 2019

RACHAS DE MALA SUERTE

CON LA MORENA

                                                                


Estábamos pescando y cuando vaciamos la bolsa de pescado en cubierta, muchos peces siguen vivos, y entre ellos, la morena. Yo tenía la costumbre de agarrarlas por el cuello; los otros hombres, con más conocimiento que yo, las cogían con un gancho. Ellos me advertían del peligro, pero yo no les hacía caso; y ocurrió, la morena me agarró la muñeca. ¡¡¡Casi me desangro!!!
Estuve en el Hospital de Las Palmas de Gran Canaria un mes y cuando me repuse, me embarqué en un barco que me llevaría nuevamente a mi pesquero y a los diez días, navegábamos junto a otro pesquero que, se fue aproximando tanto al nuestro que intentando alejarnos de él, no lo conseguimos.
Se empotró la proa del pesquero en el nuestro. Unos cuantos de los nuestros se pasaron al otro pesquero pensando que era el nuestro el que se iría a pique; pero ocurrió todo lo contrario; el que se fue al fondo fue el otro pesquero, porque se hizo un boquete en la parte baja de la proa. Los tripulantes trataron de arreglarlo pero no fue posible. Nosotros, con el boquete a un lado del barco, pusimos toda la carga en el lado contrario, recogimos a los nuestros que se pasaron al otro pesquero y así llegamos a Las Palmas de Gran Canaria.




LA PESCA DEL CADÁVER

Estábamos pescando frente a la costa marroquí.
Cuando vaciamos la bolsa de pescado en la cubierta, vino en compañía del pescado un cadáver.
Tuvimos que ir al puerto de Alhucemas a dejar el cadáver.
El pescado, lo devolvimos al mar.

viernes, 9 de agosto de 2019

LA BAHÍA SAHARAUI

VIENTO HURACANADO


Pescábamos por el día frente al Sáhara, por la noche fondeábamos en una bahía donde habían muchos barcos.
Todas las noches, sobre las doce, se movía un viento huracanado procedente del desierto y era raro que alguno de los barcos que estaban fondeados allí no fuese a la deriva.
Esa noche, fuimos nosotros. El viento nos arrastró hacia otro de los barcos. El patrón nos llamó a todos a cubierta.
Aquéllo daba mucho miedo, toda la tripulación con el cuerpo y los brazos estirados entre los dos barcos evitando que se despedazaran. Poco a poco, se fueron separando y evitamos una desgracia. Quedó en nuestra memoria para siempre.

LOCURA DE TEMPORAL

ARGELIA


Por la costa de Argelia. La cubierta llena de gamba roja.
Se desata un temporal. Fuerza de 9 0 10, el máximo.
Todas las playas destrozadas.
Navegando de popa, se perdieron por el canal.
Se encerraron y se abandonaron. El destino era su dueño.
Llegaron a Cartagena, sanos y salvos.

jueves, 8 de agosto de 2019

LA IGNORANCIA ES MUY ATREVIDA

INTENTADO SIN EFECTO



Un día de aquéllos, levando los artilugios de la pesca, se enganchó la malleta en la hélice. Tuvimos que parar la pesca y me ofrecí al patrón para bucear y llegar hasta la hélice y desengancharla.
Echamos un bote al agua y me tiré con las gafas y a pleno pulmón conseguí llegar hasta ella, pero me fue imposible resistir la presión y me tocó salir del agua.
No se podía hacer nada, la ignorancia es muy atrevida.
Tuvimos que pedir ayuda a un barco que estaba a punto de ir al puerto y por suerte, nos remolcó hasta Las Palmas.

LA PESCA EN LA COSTA AFRICANA

LA RIQUEZA DEL MAR




Soy un pescador ya jubilado y como muchos pescadores, conocedores del mar y lo que es estar fuera de tu casa y alejado de la familia, días y meses.
Este relato es de cuando íbamos a pescar a la Costa Africana, en el Magreb, que por cierto era muy rica en moluscos ( sepia, calamar).
Un día, cuando vaciamos la bolsa de pescado en la cubierta del barco, los calamares y sepias nos llegaban hasta la rodilla, una riqueza de pesca que no podemos olvidar.
Cuando empezaron a llegar los barcos japoneses, coreanos y rusos, vaciaron todo y al día de hoy, allí ya no queda nada.





viernes, 5 de julio de 2019

CON HOMERO EN SU ODISEA






 QUÉ MEJOR COMIENZO QUE ACOMPAÑARNOS DE HOMERO, EN SU ODISEA.



«¿Por qué has venido, Hermes, el de vara de oro, venerable y querido? 
Pues antes no venías con frecuencia. Di lo que piensas, mi ánimo me empuja a cumplirlo si puedo y es posible realizarlo. Pero antes sígueme para que te ofrezca los dones de hospitalidad.».
 Habiendo hablado así, la diosa colocó delante una mesa llena de ambrosía y mezcló rojo néctar. El mensajero bebió y comió,  y después que hubo cenado y repuesto su ánimo con la comida, le dijo su palabra:
«Me preguntas tú, una diosa, por qué he venido yo, un dios. Pues bien, voy a decir con sinceridad mi palabra, pues lo mandas. Zeus me ordenó que viniera aquí sin yo quererlo.
 ¿Quién atravesaría de buen grado tanta agua salada, indecible? 
Además, no hay ninguna ciudad de mortales en la que hagan sacrificios a los dioses y perfectas hecatombes. «Pero no le es posible a ningún dios rebasar o dejar sin cumplir la voluntad de Zeus, el que lleva la égida. Dice que se encuentra contigo un varón, el más desgraciado de cuantos lucharon durante nueve años en derredor de la ciudad de Príamo. Al décimo regresaron a sus casas, después de destruir la ciudad, pero en el regreso faltaron contra Atenea, y esta les levantó un viento contrario. Allí perecieron todos sus fieles compañeros, pero a él el viento y grandes olas lo acercaron aquí. Ahora te ordena que lo devuelvas lo antes posible, que su destino no es morir lejos de los suyos, sino ver a los suyos y regresar a su casa de elevado techo y a su patria.»