CON LA MORENA
Estábamos pescando y cuando vaciamos la bolsa de pescado en cubierta, muchos peces siguen vivos, y entre ellos, la morena. Yo tenía la costumbre de agarrarlas por el cuello; los otros hombres, con más conocimiento que yo, las cogían con un gancho. Ellos me advertían del peligro, pero yo no les hacía caso; y ocurrió, la morena me agarró la muñeca. ¡¡¡Casi me desangro!!!
Estuve en el Hospital de Las Palmas de Gran Canaria un mes y cuando me repuse, me embarqué en un barco que me llevaría nuevamente a mi pesquero y a los diez días, navegábamos junto a otro pesquero que, se fue aproximando tanto al nuestro que intentando alejarnos de él, no lo conseguimos.
Se empotró la proa del pesquero en el nuestro. Unos cuantos de los nuestros se pasaron al otro pesquero pensando que era el nuestro el que se iría a pique; pero ocurrió todo lo contrario; el que se fue al fondo fue el otro pesquero, porque se hizo un boquete en la parte baja de la proa. Los tripulantes trataron de arreglarlo pero no fue posible. Nosotros, con el boquete a un lado del barco, pusimos toda la carga en el lado contrario, recogimos a los nuestros que se pasaron al otro pesquero y así llegamos a Las Palmas de Gran Canaria.

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