viernes, 5 de julio de 2019

CON HOMERO EN SU ODISEA






 QUÉ MEJOR COMIENZO QUE ACOMPAÑARNOS DE HOMERO, EN SU ODISEA.



«¿Por qué has venido, Hermes, el de vara de oro, venerable y querido? 
Pues antes no venías con frecuencia. Di lo que piensas, mi ánimo me empuja a cumplirlo si puedo y es posible realizarlo. Pero antes sígueme para que te ofrezca los dones de hospitalidad.».
 Habiendo hablado así, la diosa colocó delante una mesa llena de ambrosía y mezcló rojo néctar. El mensajero bebió y comió,  y después que hubo cenado y repuesto su ánimo con la comida, le dijo su palabra:
«Me preguntas tú, una diosa, por qué he venido yo, un dios. Pues bien, voy a decir con sinceridad mi palabra, pues lo mandas. Zeus me ordenó que viniera aquí sin yo quererlo.
 ¿Quién atravesaría de buen grado tanta agua salada, indecible? 
Además, no hay ninguna ciudad de mortales en la que hagan sacrificios a los dioses y perfectas hecatombes. «Pero no le es posible a ningún dios rebasar o dejar sin cumplir la voluntad de Zeus, el que lleva la égida. Dice que se encuentra contigo un varón, el más desgraciado de cuantos lucharon durante nueve años en derredor de la ciudad de Príamo. Al décimo regresaron a sus casas, después de destruir la ciudad, pero en el regreso faltaron contra Atenea, y esta les levantó un viento contrario. Allí perecieron todos sus fieles compañeros, pero a él el viento y grandes olas lo acercaron aquí. Ahora te ordena que lo devuelvas lo antes posible, que su destino no es morir lejos de los suyos, sino ver a los suyos y regresar a su casa de elevado techo y a su patria.»