VIENTO HURACANADO
Pescábamos por el día frente al Sáhara, por la noche fondeábamos en una bahía donde habían muchos barcos.
Todas las noches, sobre las doce, se movía un viento huracanado procedente del desierto y era raro que alguno de los barcos que estaban fondeados allí no fuese a la deriva.
Esa noche, fuimos nosotros. El viento nos arrastró hacia otro de los barcos. El patrón nos llamó a todos a cubierta.
Aquéllo daba mucho miedo, toda la tripulación con el cuerpo y los brazos estirados entre los dos barcos evitando que se despedazaran. Poco a poco, se fueron separando y evitamos una desgracia. Quedó en nuestra memoria para siempre.
No hay comentarios:
Publicar un comentario